Las incesantes lluvias que han azotado Madrid durante las últimas semanas han provocado una crecida que muy pocos recordaban del río Manzanares, recordando a los madrileños la capacidad del río para alterar la vida urbana cuando la naturaleza impone su fuerza. A lo largo de la historia, el Manzanares ha sido testigo de numerosos intentos por integrarlo más estrechamente en la vida de la ciudad, siendo el más ambicioso el sueño de convertirlo en una vía navegable que conectara Madrid con el mar, como el Sena, Támesis o Tíber.
El sueño de un Manzanares navegable
La idea de hacer navegable el río Manzanares se remonta al siglo XVI, durante el reinado de Felipe II. El ingeniero italiano Juan Bautista Antonelli propuso al monarca un proyecto que contemplaba ensanchar y acondicionar los ríos Tajo, Jarama y Manzanares para permitir la navegación desde Lisboa hasta Madrid. Aunque Felipe II mostró entusiasmo y se iniciaron algunas obras, las dificultades técnicas y los elevados costes llevaron al abandono del plan.

En el siglo XVIII, Carlos III retomó la idea con el objetivo de facilitar el transporte de mercancías entre Madrid y Aranjuez. En 1770, se inició la construcción del Real Canal del Manzanares, una infraestructura que incluía esclusas y minipresas a lo largo del río. A pesar de los avances iniciales, solo se completaron unos 20 kilómetros entre Madrid y Rivas, y el proyecto fue finalmente abandonado debido a su inviabilidad económica y técnica.

Recientemente, durante las obras de ampliación de la Línea 11 del Metro de Madrid, se han descubierto varios restos importantes del Real Canal del Manzanares en la futura estación de Madrid Río. Unos hallazgos arqueológicos que ofrecen una oportunidad única para comprender mejor este ambicioso proyecto histórico y su impacto en la ciudad y a partir de los cuales se están llevando a cabo labores de documentación y conservación de los elementos encontrados, con la intención de exponerlos en la nueva estación y acercar esta parte de la historia madrileña a sus ciudadanos.

Hoy todavía pueden verse algunos de los restos del Canal en el Parque Lineal del Manzanares. Concretamente el complejo de la Casa de la Cuarta Esclusa, catalogado como Bien de Interés Cultural por el Ayuntamiento de Madrid. También son visibles algunas de las esclusas y los puentes del Congosto, Cambroneras y Migueles-Hundimiento.
Por otro lado, el río Manzanares ha recuperado protagonismo gracias a iniciativas como el proyecto Madrid Río, que ha transformado sus riberas en un extenso parque urbano, integrando áreas verdes, zonas de recreo y espacios culturales. Además, se han implementado medidas para mejorar la calidad del agua y restaurar el ecosistema fluvial, contribuyendo a la revitalización del río y su entorno.
Aunque la visión de un Manzanares navegable hasta el mar nunca se materializó, estos proyectos históricos reflejan el deseo persistente de integrar el río en la vida económica y social de Madrid. Los recientes descubrimientos arqueológicos y las iniciativas de restauración actuales subrayan la importancia del Manzanares como un elemento central en la identidad y evolución de la capital española.
Pero lo que ya parece imposible es que alguna vez veamos barcos navegando por el centro de Madrid.
Foto portada: Álvaro Bonet para el blog de la Plataforma de amigos del Real Canal.